Sin duda los
resultados de las elecciones en Andalucía abren un nuevo ciclo electoral en
España. Es imposible sustraerse de lo sucedido el domingo. Ha cambiado el
escenario y entran nuevos actores. Deberían haber saltado todas las alertas,
sin embargo no salgo de mi asombro ante comportamientos de algunos políticos y
medios de comunicación que actúan con total naturalidad asumiendo la entrada
de la extrema derecha en las instituciones andaluzas, cuando deberíamos
estar valorando los riesgos que esto conlleva para la democracia. No obstante,
lo que vemos es como el bloque ganador de la derecha se frota las manos
deseando alcanzar el poder institucional ante todo.
Si bien es cierto que se trata de un fenómeno mundial al que España,
finalmente, no ha podido sustraerse, no es menos cierto que hablamos de una
formación política que podríamos denominar sin lugar a dudas de
«antisistema», y que de alcanzar mayor poder generaría un
preocupante desencuentro social y territorial en nuestro país.
Con Vox y los populismos la idea de Europa se tambalea, la idea de
nuestro Estado de las autonomías se ve atacado. Y hablamos de décadas de
paz, de años en los que –a pesar de la crisis- hemos avanzado social y
económicamente. Hay quien incluso llega a decir que con este fenómeno en
nuestro panorama político ya somos más europeos. Nada más lejos de la realidad.
Solo nos faltaría con mirar la Italia de Salvini o la Francia de Le Pen.
La irrupción de Vox en Andalucía a quien más ha perjudicado, indudablemente,
ha sido al PSOE. Se ha movilizado y dirigido el voto de la derecha
desencantada con el PP a Vox. De esta manera, Pablo Casado se encuentra,
a pesar del desastre en sus resultados, con la capacidad de endulzarlos
si finalmente alcanzan la presidencia de la Junta.
En medio, queda Ciudadanos, que se ve metido en una especie de sándwich. Una
operación de alto riesgo con el PP por encima y con Vox por abajo, donde
caben lecturas muy perversas cuando se trasladan al ámbito de la política
nacional.
El riesgo no es ya que Ciudadanos pueda acabar siendo una comparsa del PP. Lo
realmente preocupante es que PP y Ciudadanos puedan acabar siendo comparsas de
Vox, que a buen seguro, no va a moderar su discurso y no va a renunciar a
sus posicionamientos radicales. El peligro es que el populismo pueda acabar
devorándolos a los dos.
Actualmente nos enfrentamos a una realidad electoral caracterizada por el
choque entre los dos grandes bloques ideológicos. La derecha y la izquierda.
Esta circunstancia marca el eje de la gobernabilidad. Una época caracterizada
por una gran fragmentación del espectro parlamentario. Donde las mayorías ni
existen ni se les esperan, y que en algunos programas de televisión lo
solventan con un «pactómetro».
Otra característica, que define esta época, es la alta competitividad
dentro de cada uno de estos dos grandes bloques. Una competencia por
intentar conseguir liderar cada uno de ellos. Lo acabamos de ver en las
elecciones andaluzas. La batalla electoral la han protagonizado tanto el PP
como Cs y Vox.
El PP respira. Ha evitado el sorpaso. Al final la fuga de votos se le ha ido a
Vox y no a Ciudadanos. Mantiene el liderazgo del bloque de la derecha y la
lucha entre ellos se ha desarrollado con las mismas armas. Los tres han llenado
sus principales actos de banderas españolas y han puesto como eje de su
discurso Cataluña y los partidos que apoyaron la moción de censura en España.
Tomemos buena nota. En la Comunitat Valenciana esta legislatura se ha hecho
desde la izquierda un ejercicio de maxima responsabilidad. Donde ha
prevalecido «la épica de la normalidad» frente a los pronósticos
interesados de la derecha por crear un espacio de conflicto político y social.
No obstante, me temo que la realidad nos va a exigir aún ir mucho más allá.
Lo que se nos viene encima no es una broma. El auge de los populismos y la
extrema derecha no puede afrontarse con naturalidad alguna, es una
excepción. Debe serlo. Debemos combatirla. Es evidente que desde el bloque de
la derecha no parece que vaya a afrontarse así y ya se le está dando carta de
normalidad. Espero que desde la izquierda seamos al menos capaces de poner
sentido común y combatir esta amenaza. No nos queda otra. De lo contrario… la
historia nos ha dado ya demasiados ejemplos. Ya están aquí, estemos atentos,
estemos alerta. Que no tengamos que recordar la reflexión de Bertolt Brecht:
“Ahora vienen por mí, pero ya es demasiado tarde”.
Alfred Boix es portavoz adjunto del PSPV en Les Corts.