Contra el fanatismo

Así titula Amos Oz su libro donde dice creer haber encontrado una medicina contra el fanatismo: el sentido del humor. Dice que jamás ha visto un fanático con sentido del humor, ni que una persona con sentido del humor se convirtiera en un fanático.

El pasado 16 de mayo, durante la sesión de constitución de las Corts, presenciamos como si se tratara de una ópera bufa o un espectáculo de contorsionistas un verdadero festival de gestos. Es cierto que vivimos tiempos, como bien dice Xavier Marcet, donde los gestos lamentablemente toman más importancia que la gestión, pero uno no deja de sorprenderse y preocuparse ante tanto gesto extravagante, estéril y estúpido. Actualmente nuestros ciudadanos no necesitan golpes en el pecho en nombre de nada ni de nadie, sólo quieren que sus representantes sean capaces de hacer algo por ellos. Cada uno, desde sus ideas y desde sus principios, si es que aún se lleva eso tan antiguo, lo que quieren es que la política les reconozca y crea en su dificultad social.

Muy probablemente aquí radique la mayor dificultad del fanático. Su mayor obstáculo. Sí excluyen de los argumentarios partidistas “los gestos” ¿Qué vamos hacer ahora? ¿Qué haríamos sí la gente dejara de creer en los gestos y volvieran las ideas, si regresara la utilidad de la política?

Cuando se trata de construir un monstruo fanático siempre se produce una ofensiva ideológica, seguida de campañas para aniquilarlo”. La reflexión está extraída del libro de Chosmsky e Ignacio Ramonet Cómo nos venden la moto”y a pesar de que tiene ya algunos años aún no ha perdido actualidad. Los autores explican en su obra cómo sembrar el miedo entre la población y que ese temor acabe apoyando cualquier iniciativa de poder y fortaleza.

En definitiva, empezamos una décima legislatura en las Corts en la que tendremos que tener muy en cuenta a Amos Oz: “Mucho cuidado, el fanatismo es extremadamente pegajoso, más contagioso que cualquier virus. Se puede contraer fanatismo fácilmente, incluso al intentar vencerlo y combatirlo”. Así que si algunos siguen con los gestos, tendremos que esforzarnos mucho para defender una democracia sin gestos, inclusiva, de ciudadanos diferentes y capaces de respetar hasta lo que no soportamos. Ahora, eso sí, sin ningún miedo y sin ningún complejo. Con mucha fortaleza y, sobre todo, con mucho sentido del humor. ��

*artículo publicado en Las Provincias el 26 de Mayo de 2019