Confianza y sentido del humor.

2024 avanza. Imparable, desconcertante. Asoma un destino preocupante, silencioso, incierto. Sabe a derrota. Suena al cautivador canto de sirenas y al perfume de los que nunca huelen a nada. Así sabe, suena y huele la desconfianza. Avanza 2024, como carcoma invisible que destruye el espacio compartido y, al advertirlo, siempre llegamos tarde.

No sería justo decir que Mbappé ha hecho más en unos minutos que centenares de candidatos en estas elecciones europeas, aunque sea cierto, para advertir de los riesgos que corremos. Alguien podría preguntarse por qué no lo hizo antes. Aunque lo preocupante es por qué ocurre así y ahora. Es probable que la estrella del fútbol francés vea peligrar su democracia y que eso le importe más que la actual Eurocopa de Berlín. Bienvenida y necesaria opinión, diga lo que diga Unai Simón.

La desconfianza ha socavado las estructuras democráticas provocando una profunda falta de legitimación. Fukuyama analiza el ascenso de los populismos y la pérdida de confianza en las instituciones a consecuencia del enfrentamiento de una ciudadanía descreída con el “establishment”. La sociedad es una cuestión de confianza afirma Kallifatides. La confianza en el banquero, en el taxista, en el maestro, en el médico. La sociedad existe gracias a la confianza que tenemos en el otro.

La política necesita más de psicología que de sociología. Nos enfrentamos a una extrema derecha capaz de utilizar una semántica que penetra de manera perversa en la caja de las emociones. Nunca hablan de lo que van hacer, solo de aquello que puede crear inquietud. Daniel Innerarity afirma que no ganaremos a los extremos hasta que no nos hagamos cargo de cómo piensan. No sé si estamos en un nuevo momento. No obstante, de lo que sí estoy cada vez más convencido es que necesitamos nuevas claves para poder comprender esta nueva realidad. Nos hará falta mucha imaginación, nuevas coordenadas del pensamiento. Solo así podremos ofrecer nuevas respuestas.

Leía una interesante columna de opinión donde se preguntaba tras la oportuna reflexión, ¿Cómo deben los gobiernos liderar la política frente a la ola neofascista?,¿secundando ciertos postulados de la extrema derecha o manteniendo la firmeza de los valores? Se me ocurren dos caminos y un antibiótico. Esos caminos que deberíamos andar transitan por recuperar la confianza y, por vacunarse contra la indiferencia. Una indiferencia que nos convierte en fríos, insensibles, frente a esa realidad anestesiada por la desinformación y que tanto nos necesita. El antibiótico, es el sentido del humor. Amos Oz, decía haber encontrado una medicina contra el fanatismo. Es el sentido del humor. Jamás vimos un fanático con sentido del humor, ni una persona con sentido del humor que se convirtiera en fanático.

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